Federico Mayor Zaragoza *
“… para liberar a la humanidad
del miedo y de la miseria”.
Preámbulo de la Declaración Universal
de los Derechos Humanos, 1948.
La violencia no debe justificarse nunca. Pero debe estudiarse para intentar conocer sus orígenes, para poder así contribuir a evitarla, a prevenirla. Dos raíces principales: la miseria y el miedo. Hay que situarse en la piel – que en esto consiste la tolerancia – de los millones de seres humanos, todos iguales en dignidad, que viven en condiciones inhumanas. Las promesas para mejorarlas, reiteradas por los países más prósperos, se han frustrado casi siempre. Y con el transcurrir de días y años en esta situación de desamparo, de exclusión, de humillación,… se van extendiendo los sentimientos de frustración, de animadversión, de rencor, de radicalización, hasta el punto de que ya ninguna solución parece posible. Y es entonces cuando estalla, a veces, la reacción violenta. En otras ocasiones, la desesperación se manifiesta en intentos de emigración que, con frecuencia, incluyen el riesgo de la propia vida.
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