PRUDENCIO GARCÍA * - Tribuna, El País
Las leyes democráticas pueden ser imperfectas, pero nos protegen de esa gente ‘normal’ que en circunstancias excepcionales puede convertirse en monstruos. Como le ocurrió al doctor Josef Mengele
28/04/2009 - Son muchos los que afirman que todo ser humano es un torturador en potencia, aunque sólo ejercerá como tal si se dan las circunstancias propicias para ello. Según esta teoría, si todavía somos respetables ciudadanos adversos a la tortura es sólo porque la vida no nos ha deparado aún ninguna situación suficientemente extrema, en la que todos llegaríamos a practicarla. Inquietante posibilidad, que, en la siniestra hipótesis de resultar cierta, rebajaría drásticamente nuestra autoestimación como especie viviente.
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