Por Joaquín Roy (*)
NUEVA YORK, May (IPS) No hace mucho tiempo, la gente en el planeta vivía sin la congoja de la ausencia de seguridad. Se asumía que el estado normal era la inseguridad. La sufrían tanto los débiles como los poderosos, los ricos y los pobres, los colonizados y los imperialistas ocupantes. Se vivía, comparativamente, con más normalidad, resignación, fatalismo. El mundo era, por así decirlo, de derechas, conservador a la fuerza. Solamente una minoría de osados visionarios, idealistas y desafiantes ante el reto del cambio, se atrevían a correr el riesgo, frecuentemente con un alto precio (represión, encarcelamiento, ejecución, exilio, según su suerte).
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